Si el Perfeccionismo Fuese un Gen, Steve Jobs indudablemente lo Poseía

Si el Perfeccionismo Fuese un Gen, Steve Jobs indudablemente lo Poseía

Con aquella obsesión por los detalles insignificantes, a Jobs no siempre le fue bien.

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Hollywood mostraba a las computadoras como algo aterrador. ¿No te recuerda a una cara simpática, que la disquetera es como una sonrisa boba? Es afable, juguetón y tiene que decir hola. Debe decir hola porque puede.

Es lo que Steve Jobs, en la película con su mismo nombre estrenada en el año 2015, le respondió a Joanna Hoffman, la ejecutiva de marketing de la compañía, tras haberle preguntado por qué era tan importante que el Macintosh dijese hola.

En aquella presentación en la que el nuevo ordenador sufría problemas con la demostración de voz, todo el equipo quería prescindir de mostrar la capacidad de aquella máquina para hablar debido a que no disponían del tiempo suficiente para arreglarlo. Todos menos Jobs. Y sí, finalmente el Mac dijo hola.

Perfeccionista hasta llegar a ser un peligro

También, en las escenas previas al lanzamiento del Macintosh, pudimos observar como el señor Jobs quería pedir, o más bien exigir a cualquier precio, que los encargados de mantenimiento de la sala apagasen las luces de las salidas de emergencia.

¿El motivo? Oscuridad total. Steve quería que el público presenciase como solamente el Macintosh era el que poseía el único haz de luz de toda la sala en el momento de la presentación. Las luces de las salidas de emergencia, que todos consideraban imprescindibles en caso de catástrofe excepto él, las tomaba como un incordio.

Su carácter le pasó factura

Tanto en películas como documentales, pasando por entrevistas y reportajes, hemos escuchado siempre que Steve Jobs era un gran visionario capaz de vender cualquier cosa que se propusiera. Pero también su otra cara, la de aquel irritante carácter que mostraba con sus trabajadores en Apple.

Jobs señalando

Al parecer la búsqueda de la perfección tenía un precio, y desgraciadamente los que lo pagaban eran en su gran mayoría las personas que trabajaban a diario para conseguir hacer las cosas tal y como a Steve le gustaban. Sus opiniones eran de tipo “Sólo quiero estar con gente que aspira a la perfección. Y ese es quien soy yo”.

Aquella actitud desdeñosa y soberbia le causó problemas. Tanto que la junta directiva de Apple le obligó a dimitir de su cargo en 1986. Tras trazar de nuevo su propio camino, hicieron que volviera a la compañía después de diez años de continuos fracasos en su ausencia.

Encontró a una persona que pensaba como él

A pesar de todo esto, su mente creativa jamás se apagó. Y de vuelta a la compañía que fundó, se topó con el nuevo jefe de diseño: Jonathan Ive. Un hombre obsesionado con los colores, la translucidez y el minimalismo de los productos. A Jobs le asombró aquella maravillosa actitud que, si bien no trataba a sus trabajadores como personas inferiores, era muy parecida a la de él.

Jobs con Ive

¿En serio, Steve?

Aun con un socio con el que crear productos que rozasen la perfección, Steve seguía siendo el hombre que veía errores donde no otros no los veían.

Un rumor que ha estado circulando dice que Steve tuvo una gran discusión con el equipo de marketing en los comienzos del desarrollo de las primeras Apple Store porque el color gris que eligieron no era el adecuado para pintar el exterior de una de sus tiendas. Parece que no coincidía con la sensación que querían transmitir a las personas que entrasen por sus puertas o pasasen por allí.

Todos opinaban que estaba bien ese gris. Pero al señor Jobs, como siempre, no le bastaba con que estuviera bien. Tenía que ser un gris perfecto. Esa actitud, que ha causado dolores de cabeza a muchos, es la que ha hecho que deje su huella en el mundo haciendo historia. Si el perfeccionismo fuese un gen, Steve Jobs indudablemente lo poseía.

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Amante de la tecnología, la música, el pollo asado, las series, la lectura y la escritura, entre otras cosas. Sin optimismo y humor, no hay vida que valga la pena. Considero que la escritura, ya sea de palabras o código, es lo más cercano a la magia a lo que una persona puede aspirar; así que, ¿por qué no hacer un buen uso de ello?