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¿Puede Apple hacer frente a un caso “Note7” con el iPhone 8 Plus?

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Lo leimos hace apenas 10 días y nos quedamos helados: un iPhone 8 Plus aparecía deformado a causa de una batería en mal estado en Japón. No había explotado, pero obviamente el terminal quedaba inservible.

Un día después pasaba lo mismo en China. En ambos casos, se trataban de dispositivos nuevos que tras ser cargados con su cargador original sufrían este incidente.

El cuarto y el quinto caso no se hicieron esperar: Grecia y Canadá eran los países en los que sucedía. En uno de los casos se había cargado con un cargador no original, pero en general sucedía al sacar el flamante iPhone 8 Plus nuevo de la caja. Apenas 48 horas después llegaban dos casos más.

El iPhone 8 fue presentado durante la keynote del 12 de septiembre y salió a la venta poco después, el 22 de septiembre. Lleva poco más de dos semanas en el mercado y ya se han reportado 7 casos, pero el número sigue creciendo. ¿Estamos frente a un caso similar al del Note7?

Note7, el explosivo terminal de Samsung

No hace mucho que a Samsung le sucedió lo mismo con su Note7, si bien en su caso recibieron un centenar de quejas y había riesgo de explosión. En el caso de los coreanos, se cree que fue un error de diseño, que no permitía suficiente espacio a los componentes y el calentamiento de la batería desembocaría en deformaciones y explosiones.

No obstante, el proveedor de ambos es el mismo: Amperex Technology Limited (ATL). Se supone que ellos más que nadie cuidarían para evitar errores en sus baterías, si bien ante componentes tan complejos pueden darse fallos. ¿Pero tantos?

Hay que recordar que Samsung terminó descatalogando el terminal de la venta, con todas las pérdidas que supone en desarrollo de producto, materiales, fabricación, mano de obra, distribución, i+D+I, marketing… y el intangible del daño de su imagen. Pero no les quedaba otra opción, eran peligrosos para sus clientes e incluso algunos gobiernos como el norteamericano pidieron retirarlo, como relata la BBC.

Pero pongamos cifras sobre la mesa: el affaire del Note7 costó 17.000 millones de dólares a Samsung y una caída en bolsa del 7%, como explica La Vanguardia.

Obviamente, la del Note7 fue una mácula en el expediente de Samsung de la que le costó salir y pidió perdón por traicionar la confianza de sus usuarios. Cuesta mucho ganar una reputación y cuota de mercado y muy poco perderla.

Este año han hecho las cosas bien con el Note8 y los S8/S8+, pero siempre quedará en la memoria de todos ese clamoroso error que provocó que 7 millones de usuarios saltaran a iOS.

Con una competencia tan fuerte, el año pasado fue un paseo para Apple y su iPhone 7, que ni siquiera tuvo que innovar demasiado para llevarse de calle a los usuarios que buscaban lo más top.

¿Cómo podría afectarle a Apple?

Para empezar, que no cunda el pánico: de momento son solo 7 terminales y no han explotado, con lo cual no son peligrosos para la salud por el momento, solo defectuosos, algo que ya sucedió con el antenagate y el bendgate. Apple simplemente suministrará a los afectados con otro terminal y les compensará por las molestias.

Pero si los números siguen creciendo, el daño en la imagen sería gravísimo. Y obviamente, los daños en sus cuentas también. Una retirada sería un importante varapalo económico en la estrategia desarrollada para este 2017, pero su ascendiente se dejaría notar en el tiempo.

Las ventas del iPhone 8 son bajas a causa del hype generado por el iPhone X, pero con esto aún serían peor.

Solo les quedaría su esperado flagship para resarcirse del todo y por supuesto no tendrían margen de error con él. Es decir, o el Face ID es todo un éxito o este año puede ser una debacle.

Con esta mancha en su brillante carrera, quizás Samsung, Huawei y Google aprovecharían para seguir acaparando cuota de mercado. Su incursión en los países asiáticos se vería entorpecida.

Si Samsung pudo sobreponerse, Apple no sería menos. Nadie es perfecto y Apple ya ha salido airoso como ya lo hizo en otras ocasiones, pero la competencia es más feroz que nunca. A Apple se le exige la perfección y por su precio, no es para menos.