Cosas que no pasan con el Face ID del iPhone X:la falta...

Cosas que no pasan con el Face ID del iPhone X:la falta de privacidad

¡El iPhone X es el compañero perfecto del amante infiel!

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El reconocimiento facial es una de las características diferenciales del iPhone X. Tanto es así, que varios fabricantes de Android se han aliado para intentar juntar sus respectivas i+D+I y desarrollarlo en sus terminales Android.

Aunque la innovación siempre despierta cierto recelo, los datos no mienten: el Face ID es más seguro que el Touch ID y su ratio de error es de 1:1.000.000 por los 1:50.000 del sensor de huellas, si bien este último es más rápido y los usuarios ya están acostumbrados.

Pero el Face ID hace de nuestros iPhone X unos terminales personales e intransferibles que se adaptan a nuestros cambios, maquillaje, sombreros, barba… y además está a prueba de coacciones o de que alguien intente desbloquearlo cuando te encuentras dormido o inconsciente…

Tanto es así, que hoy os vamos a contar una noticia que hemos leído en El País y que de haber contado con un iPhone X, el suceso no se habría producido.

El domingo pasado, durante un vuelo de Qatar Airways desde Qatar a Indonesia, se produjo un desvío y aterrizaje de emergencia para expulsar a una mujer que había descubierto la infidelidad de su marido. ¿Cómo lo había hecho?

El viaje es largo y ambos bebieron unas copas mientras se encontraban en pleno vuelo. El marido se durmió y ella aprovechó este descuido para desbloquear su móvil usando su huella dactilar. Con el móvil desbloqueado, pudo comprobar que su pareja le era infiel, desatando su furia en el aire. El escándalo fue tal que como decimos, el avión tuvo que ser desviado hasta Chennai, donde se expulsó al matrimonio y a su hijo que viajaba con ellos.

La aerolínea ha emitido un comunicado muy parco en el que se niega a comentar los hechos por privacidad de sus pasajeros, aunque miembros de seguridad del aeropuerto si que ha confirmado que cierta pasajera en estado de embriaguez se comportó de forma inadecuada.

Via | El País