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Por qué el lanzamiento del próximo iPhone puede ser un problema para las operadoras

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Los nuevos modelos de iPhone de Apple, que se espera que vean la luz en otoño de este año 2018, podrían aterrizar junto con una sorpresa mucho más impresionante que las opciones de colores adicionales o la potencia de su procesador next-gen.

Estamos hablando sobre una tecnología denominada “eSIM” que podría llegar a ocasionar problemas muy serios a grandes operadoras a nivel internacional como AT&T, Verizon, Movistar, Vodafone y un largo etcétera.

Las operadoras de telefonía móvil mueven cantidades de dinero absolutamente increíbles, es por ello que Apple lo podría tener muy difícil a la hora de intentar cambiar el futuro de las tarjetas SIM. ¿Permitirán las operadoras que se reemplacen sus tarjetas SIM tradicionales? ¿Qué ventajas ofrecería este cambio a los usuarios de iPhone?

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La tecnología eSIM vs las tarjetas SIM originales

Las SIM tradicionales (Módulo de Identificación de Subscriptores bajo sus siglas en inglés) son pequeñas tarjetas de plástico que se normalmente insertan en una ranura lateral de un teléfono móvil y que permite idéntificar cada dispositivo en su torre de señales correspondiente de su zona.

Por otro lado, la eSIM no es una tarjeta, sino un pequeño chip que puede ser soldado en la placa de circuitos de un teléfono. La ventaja más obvia es la posibilidad de eliminar la ranura para tarjetas SIM, lo cual permite a las compañías de manufacturación crear smartphones aún más pequeños e incorporar nuevos componentes de hardware.

Pero existe otra ventaja mucho más importante, la tecnología eSIM está especialmente diseñada para ser programada de forma remota vía OTA (Over The Air).

La tecnología eSIM podría dar muchos problemas a las operadoras, dado que podría permitir a los usuarios cambiar de operadora a su voluntad, simplemente contratando los servicios de diversas operadoras como una versión mucho más eficiente de las tarjetas de prepago. En otras palabras, vaya, la tecnología eSIM podría hacer perder millones y millones a las grandes operadoras que controlan (quizá por poco tiempo) el mercado de la industria de la telefonía móvil.

Fuente | Barrons