Por estas razones pasé de un iPhone de 256 GB a uno...

Por estas razones pasé de un iPhone de 256 GB a uno de 64 GB

Cuando menos es más.

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El iPhone me acompaña allá donde voy, y se ha convertido en una prolongación prácticamente de mi brazo. Desde el año 2008, cuando me hice con el primero, hasta el iPhone X que utilizo actualmente, he ido probando casi con cualquier configuración de almacenamiento.

Los iniciales 8 GB de mi primer iPhone 2G parecían no llenarse nunca, bien es cierto que ni había tantas apps y que las fotos apenas ocupaban demasiado espacio. Sin embargo hay una piedra de toque, tu iPhone es capaz de grabar a 4K, y un minuto de vídeo a esa resolución ocupa bastante. Como resultado, el almacenamiento se va viendo ocupado a poco que no tengas algo de cuidado.

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A vueltas con el espacio

Nunca he tenido la mala fortuna de ver ese fatídico mensaje en la pantalla, “almacenamiento lleno”. Pero no por ello me considero más afortunado que nadie. Fui capaz de sobrevivir con un iPhone 6 de 16 GB en pleno 2014 y 2015, mientras multitud de personas pensaban que Apple hacía mal al mantener esa configuración tan ridícula.

Y este pasado mes hemos tenido la presentación de lo nuevo Samsung, con un modelo de 1TB de capacidad. Pienso en ello y me dan escalofríos. ¿Habrá personas capaces de llenar tanto espacio? Sí, y seguro que les falta. Es además algo que no entiendo, porque he dado el paso contrario. Hasta el año pasado usaba un iPhone 8 Plus de 256 GB, es decir, tenía el doble de almacenamiento en el teléfono que en el MacBook.

Cuando en septiembre de 2018 me surgió la oportunidad de comprar el iPhone X lo tuve muy claro, no iba a repetir con tantos GB, de hecho he reducido 4 veces esa capacidad. Y sí, la verdad es que estoy muy satisfecho con el cambio. Según mi configuración de usuario, tengo más que de sobra. Y paso ahora a contarte cómo soy capaz de sobrevivir a esta merma voluntaria.

Las fotos, a la nube

Es por puro pragmatismo. No sé que narices pintan en mi teléfono fotos de hace 3 años. Nada, solo conseguir un disgusto enorme en caso que me robaran o perdiese el teléfono. Y sin embargo, es algo que al parecer es una práctica común, llevar encima las fotos del verano anterior. ¿Con qué objeto? No alcanzo a comprenderlo, la verdad.

Tras haber probado diversos servicios en la nube mi apuesta final es por la app de Google Fotos. Almacenamiento gratuito e ilimitado con calidad original, rapidez en la sincronización y una vez subidas las fotos, los originales desaparecen del disco duro del teléfono. Si quiero verlas, solo he de abrir la app y ahí las tengo, las del verano pasado y las de navidad.

Repaso a las apps

Tener muchas apps se convierte en una esclavitud. Un vistazo rápido a mi dispositivo arroja 60, que para mí ya son demasiadas. Pero a decir verdad, he de tener algunas instaladas porque escribo en este medio y he de ir testando. Pero para el día a día, el uso se reduce a no más de 5-6. Las apps de finanzas, alguna de fotografía y un juego para distraerme, y poco más.

Es un sano ejercicio repasar aquellas apps que tienes instaladas e ir borrando aquellas que haga más de un mes que no utilices. ¿De veras necesitas tantas?

Con la música a otra parte

Finalmente hablamos de apps de música en streaming. Hace algunos años era muy común pasarse listas de reproducción completas en CD a tu dispositivo, con el objetivo de usarlo como un mp3 de toda la vida. Sin embargo, el uso de estas apps, unido al aumento de GB en los bonos de datos, hace que no merezca la pena llenar tu teléfono de música. Prefiero tener acceso directo a un gran catálogo de millones de canciones que pasarme la integral de Chopin o algún disco de John Coltrane.

Por estas 3 razones he pasado de un iPhone con una capacidad monstruosa, para mí, a uno de un almacenamiento más comedido. Y en el iPad es incluso más patente aún, lo uso de 32 GB y no hecho en falta nada más. ¿Cómo gestionas el uso del espacio de tus dispositivos? ¿Piensas que es necesaria seguir la tendencia de tener cada vez más almacenamiento físico?