¿Tenías un iPhone en el año 2008? Yo sí, y así lo...

¿Tenías un iPhone en el año 2008? Yo sí, y así lo viví

Te cuento en primera persona cómo lo viví.

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Todos recordamos que Steve Jobs presentó el iPhone original en enero de 2007. Por aquellas fechas, aquello se vio como una gran revolución tecnológica. Un dispositivo pequeño, los grandes llegaron con Jobs ya fallecido, sin teclado físico, parecía un juguete. ¿Apple fabricando teléfonos? Flor de un día, que pensaron algunos.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El iPhone consiguió revelarse como un gran cambio, de hecho fue el dispositivo que lo cambió todo. No titubeo en decirlo, todos los fabricantes sacan el pañuelo si Apple estornuda. Y afortunadamente, tener ahora un iPhone es lo más común del mundo. En la España del año 2008, quizás no tanto.

Este dispositivo comenzó a venderse de manera oficial en nuestro país en el verano de ese año, pero era ya el iPhone 3G, no el que había salido un año antes en Estados Unidos. Y yo quería tener uno, y lo conseguí. Aquel chisme que Steve Jobs tenía en la mano cautivó mi atención de cierta manera, y moví cielo y tierra para conseguirlo. Y me salí con la mía.

iPhone original

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Mi experiencia con mi primer iPhone

Finales del año 2008, comienza una febril búsqueda por mi parte para tratar de hacerme con un iPhone 2G. A pesar de estar disfrutando de un Nokia N95, vaya maravilla de teléfono, yo quería algo más. De hecho, ahí comenzó mi relación con los teléfonos de Cupertino, que se sigue manteniendo hasta hoy.

Encontré un vendedor en eBay que importaba el iPhone original desde Estados Unidos, y los vendía en bastante buen estado. Pero claro, yo no era el único que lo deseaba, por lo que las subastas que este vendedor lanzaba en ese portal no siempre eran para mí. Hasta que por fin, y tras haber recurrido a los servicios de una página para ganar subastas en eBay, menudo descubrimiento, conseguí hacerme con ese iPhone.

iPhone Original

En un par de días lo tenía en casa, y la primera impresión tras abrirlo fue de asombro. No sabía por dónde iba a meterle mano. Todo me llamaba la atención, sus acabados metálicos, su base plástica negra, su cable blanco de carga… Lo tuve un rato en las manos antes de atreverme a encenderlo.

Por fin llegó el momento, presioné prolongadamente el botón y la manzana blanca apareció en pantalla. Tras unos segundos de espera aparecido esa pantalla tan característica. Mi asombro quizás iba a más, podía deslizar el dedo por la pantalla y aquello respondía, apretaba los iconos y se abrían las aplicaciones. Algo que ahora hace un niño pequeño, tenía un halo de magia.

Raudo metí la tarjeta SIM y configuré el correo electrónico. La primera persona a la que llamé fue a mi madre, y como teléfono funcionaba a la perfección. Esa misma tarde descubrí que había un icono llamado App Store, y desde el que me podía descargar aplicaciones. Aquí dejo una captura de la primera que pasó a formar parte de mi recién estrenado teléfono, un juego de piano. Y me seguía maravillando que aquello sonase tan bien, pudiera deslizar el dedo por el teclado y juguetear con los sonidos.

Free Piano
Mi primera app, va para 11 años.

Y claro, llegó el momento de salir con ese chisme a la calle. Ni funda ni protector de pantalla, aquellos accesorios todavía no existían y lo único que alcancé a conseguir más adelante fue una funda de piel tipo calcetín. La gente cuando me veía usarlo se sorprendía, quien estaba más o menos al tanto de las noticias tecnológicas me preguntaba, “¿Es un iPhone?” y me lo pedía para verlo y toquetearlo, cosa fácil porque no había código de desbloqueo.

Quien era ajeno a este mundo lo miraba con cara más rara, un chisme metalizado sin botones a los que pulsar, que ocupaba poco tamaño pero que pesaba bastante. Lo que es cierto es que era siempre objeto de miradas, tanto furtivas como más detenidas. La curiosidad siempre ha sido una condición natural, y el iPhone fomentaba el querer saber más sobre él.

El iPhone continúa siendo una minoría con respecto a los teléfonos Android en nuestro país, imaginemos cómo era hacia 11 años, con teléfonos Symbian dominando el mercado, los smartphones no habían terminado todavía de despegar del todo. No, no me considero un privilegiado por haber tenido uno tan pronto, fue algo fruto de mi empeño en aquel momento. Lo que recuerdo son los buenos ratos que pasé con él y cómo se mantuvo operativo hasta su último día, solo se tuvo que someter a un cambio de batería, operación realizada por una empresa especializada.

Desgraciadamente, tuve la mala fortuna de perderlo hace relativamente poco tiempo. Y no lo extravié en una bulliciosa ciudad ni me lo robaron en el metro ni nada. La mala fortuna hizo que acabase en el fondo de un pantano. Sí, un despiste que me costó un gran disgusto mientras practicaba canoa. Y reposa en el fondo, en el fango de un pantano manchego a bastante profundidad. Recuperarlo, misión imposible. Al menos la suerte de conservar la última foto que hice con él en ese fatídico día, la casualidad hizo que me la enviara por correo electrónico poco antes del desastre.

Pantano

Las sensaciones que me produjo tener el iPhone original, cuando los teléfonos de Apple no eran nada populares en España, son algo que no he sentido quizás con ninguno de los otros que he tenido. Ahora es todo bastante mas normal, un smartphone está a la mano de cualquiera, pero el descubrimiento de la novedad tiene un halo mágico difícil de igualar.